Play Creatividad
Los colores visitan Madrid
Los colores visitan Madrid
22-06-2010 por Silvia

Si hace un año alguien nos dice que íbamos a estar en la Feria del Libro de Madrid con Los colores olvidados, no nos lo hubiéramos creído. Sí, tenemos mucha imaginación, pero esto no entraba en nuestras previsiones más halagüeñas. Pero es que el libro nos está trayendo alegrías insospechadas, ilusiones presentes, encuentros mágicos y sobre todo, cariño, mucho cariño de los lectores. ¿Quién pide más?

Así que cuando hace un mes, Efrén –que estoy segura que ha metido buena baza para conseguir que estuviéramos presentes en la feria- nos preguntó que si queríamos ir, sólo podía haber una respuesta: un rotundo y enorme SÍ.
Después solo hizo falta esperar a que llegara el día 13, un domingo que asomaba tempestades, y David y yo nos fuimos hacia Madrid. Nos faltaron Desiree y Marta, eso sí, ilustraciones no faltaron, ya que David esbozó y repartió Carmesinas a diestro y siniestro.

Llegamos puntuales a la Feria, gracias a tía Vevi –se va a hacer famosa mi tía-, que nos pasó a recoger por la estación y así tuvimos tiempo para una visitar rápida por la Feria. ¡Nos pareció interminable, enorme! Decenas y decenas de casetas con libros de todo tipo, con gente arremolinada hojeando las últimas novedades o los libros de antiguo. No nos dio tiempo a visitarla entera, pero nos hicimos una idea. Volvimos sobre nuestros pasos y llegamos al stand del FNAC, donde íbamos a firmar. Nos presentamos con timidez: Somos David y Silvia, venimos a firmar. Y es que no podemos evitar extrañarnos al pronunciar frases así.

Nos colocamos en nuestros taburetes y aquí llegó la primera gran sorpresa: nos presentaron a Mathias Malzieu, el escritor de La mecánica del corazón. Un tipo carismático, un personaje ataviado con su camisa verde y sus zapatos carmesí –sí, así, poniéndole como ejemplo el color de sus zapatos le explicamos el origen de Carmesina. Un escritor de trato cercano y humilde, un artista en todos los sentidos, casi casi un alter ego del propio Jack –al menos, se parece a la ilustración de Jack en la portada del libro. Yo, que ya había visto que era compañero de firmas (sí, sí, me sigue sonando extraño: compañero de firmas), iba preparada con mi ejemplar para que me lo firmara. En seguida, el majísimo Mathias se interesó por los colores y le encantó la portada. Pero los comentarios se quedaron para más tarde, ahora ya tocaba firmar. Nos estrenamos con una tocaya, Silvia, que ya nos había avisado que vendría a reclamar su firma. Hablamos con ella, nos explicó sus ideas y nos hicimos una foto de recuerdo.

Luego llegó la familia, mi numerosísima familia (mis primas, mi tías, los hijos de mis primas y primo) y aquello se animó y ¡de qué manera! Y yo saliendo y entrando de la caseta, que los pobres del FNAC debieron hartarse de hacerme hueco para dejarme pasar. Así que firmas y más firmas. Más tarde nos visitó Fani (que no Fanny) y también intercambiamos charla breve. Después se nos acercó una mujer preguntando por la escritora Silvia González Guirado –¡¿Escritora?! Otra de esas palabras que aún me suenan muy, pero que muy extraña a mis oídos. La mujer ni corta ni perezosa compró el libro porque ella se apellida González Guirado y juro que no es mi hermana.

Siguieron llegando desconocidos y conocidos –por ejemplo, mi amiga Barezi-, y otros lectores del libro como Javier, uno de los grandes fans del libro, que siempre ha participado en esta página facebook. Se sorprendió de que le reconociera, pero es que yo a los fans, los tengo controlados.

Repartimos firmas, chapas, carmesinas y, a cambio, las personas que por allí pasaron nos regalaron muchas felicitaciones, cariño y ánimo. Ánimo para seguir con más libros, ánimo para hacer camisetas de Carmesina. En definitiva, ánimo para seguir creando.

Finalmente, después de dos horas y pico empezamos a recoger nuestros bártulos y entonces retomamos la conversación con Mathias –digo conversación por decir algo, porque si no llega a ser por su traductor… ¡Gracias traductor!  Mathias nos explicó que estaba dirigiendo la película de animación basada en el libro. Nos habló de su próxima visita en septiembre para presentar su primera novela. Se interesó por Carmesina, por las ilustraciones y los relatos. Se interesó por nuestros proyectos presentes y futuros. Nos reímos con él, nos hicimos fotos con su cámara lomográfica y nos despedimos con un hasta pronto. Ojalá,  Mathias, hasta pronto.  

Y así acabó nuestra jornada. Con cientos de anécdotas, con el ánimo bien alto por haber estado charlando con lectores y fans estupendos y con Mathias, un artista, que tanto te saca siete discos, como te escribe o te dirige una película. Y David y yo nos fuimos pensando en que satisfacción y gustazo da poder trabajar en aquello que te motiva y te apasiona. ¡Y es que de mayores queremos ser como Mathias! Uy, si ya somos mayores. Pues entonces, a trabajar en el segundo libro, en más colores, en más proyectos que apasionen.

¡Muchas gracias a todos y hasta la próxima!



Hr