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Crónica de un Sant Jordi carmesí
Crónica de un Sant Jordi carmesí
27-04-2010 por Silvia

Este año encarábamos un St. Jordi diferente, en colores carmesí, no tan distinto de los rojos habituales de esta jornada. Sin embargo, el día despertó gris, como si del cuento de Los colores olvidados se tratara y nosotros, las Carmesinas, que  habríamos de darle color. Eso es lo que intentamos y creo que lo logramos.

Acompañando al gris matinal de cielos emborronados, empezamos la jornada en el barrio de Gràcia. Allí, unos estuvieron en la tienda Play Attitude, otros, en Flow, una tienda de productos ecológicos que nos preparó un escaparate y una mesa improvisada para firmar ejemplares. Sin embargo, era temprano y las gentes pasaban por delante casi sin inmutarse. Ya se sabe, las rutinas del día a día abocaban a la gente a sus trabajos más que a disfrutar de la fiesta. Pero paciencia, todo llegaría. Allí firmamos un par de ejemplares para una mujer que pensaba regalarlos a sus dos mejores amigas que estaban en puntos bien diferentes: una triste y melancólica; otra, en un “camino espiritual”, según me explicó la mujer. Así que preparando la pluma –lo de pluma es un decir, porque escribir con ella no es mi punto fuerte―, estampamos cuatro líneas con los mejores deseos para esos caminos emprendidos.
 
Con la muñeca ya templada y el ánimo subiendo en carmesí, nos fuimos David –ilustrador- y yo hacia la parada que Abacus tenía en Plaza Catalunya. Allí sí había gente, multitud de personas paseando y rebuscando en las paradas. En Abacus conocimos a Roser Zuñiga –responsable de literatura infantil y juvenil-, una de las máximas abanderadas de los colores y del proyecto Play Attitude. Allí nos acomodaron y nos sentaron junto a la escritora Gemma Puig con su libro Em dic Laia. Intercambiamos pareceres y expectativas, ¿cómo sería estar en una parada? ¿Vendría gente a que le firmáramos libros a parte de nuestra familia y conocidos?

Con el cambio de autores, la cosa no tardó en animarse. Los primeros en visitarnos fueron los progenitores de David, incluido un reportaje fotográfico y video a cargo de El conserje jubilado. Y a partir de ahí, fue un no parar: Un libro para mi hijo; una dedicatoria para mí; por favor, dibújame una Carmesina con un libro entre las manos; una firma para la tía Vevi y ahora una radio entrevistándonos. En medio de esta vorágine de afecto e interés del público, hablamos con las autoras de La Cenicienta que no quería comer perdices, Nunila y Myriam, un par de locas –en el grandísimo y buen sentido de la expresión― con quiénes intercambiamos libros dedicados y propusimos intercambio creativo. La oferta ha quedado ahí… ¡Chicas, nosotros estamos dispuestos!

La hora de firmas en la parada de Abacus acabó casi sin darnos cuenta. Nosotros que no sabíamos si tendríamos gente para firmar, no paramos en todo el rato. Incluso, nos tuvieron que retirar porque se avecinaba la llegada de un autor mediático.
 
Felices con la experiencia única de hablar con los potenciales lectores y con la tarjeta en la mano de alguna prestigiosa editorial, nos encaminamos de nuevo  hacia Gràcia. Allí nos reunimos con Desiree y Marta –ilustradoras- y la parada de La Casa de los Cuentos nos acogió. Pasaron diversas personas: firmamos para los niños de un colegio que habían elegido Los colores olvidados como su libro para la biblioteca en ese día de St. Jordi. También dedicamos un libro a una pareja australiana que habían adquirido un ejemplar en castellano en otra librería y, al vernos allí y, animados por Efrén y la casualidad, les firmamos el libro, emocionados ellos, contentos nosotros de que los colores se fueran a la otra punta del mundo.

A primera hora de la tarde cogimos el tren y nos fuimos a acabar nuestro periplo a Sabadell. Allí, gracias a dos Maites (una de Educación Sin Fronteras y a Maite Modul, que organiza la mesa de autores)  firmamos para conocidos y desconocidos. Descubrí a Cristina Calle y su Torpón III: Las aventuras de Torpina, una escritora que con gran valentía se ha autopublicado su obra. ¡Felicidades por ello! Eso es tener una actitud muy frescológica.
 
A las 20h. y cuando ya estábamos finalizando el día, nos llegó una rezagada que nos pidió una última dedicatoria para su hijo de 5 meses. Obviamente, y como nos dijo, era la excusa perfecta para comprarse el libro que tanto le había llamado la atención y que luego legaría a su hijo.  

Y así, con cansancio acumulado, pero con sonrisas y anécdotas para el recuerdo, despedíamos ese día que, aunque amaneciera gris climatológicamente hablando, acabó siendo de cientos de tonalidades, gracias a todas las notas de color que vosotros fuisteis aportando.

Personalmente, quiero daros las gracias a todos vosotros, porque esta historia que empezó de la manera más sencilla y humilde, sigue volando hacia rumbos desconocidos e inimaginables con vuestro apoyo. ¡Gracias por darnos/-me alas para seguir soñando!


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